LA TOLERANCIA
1. DESCRIPCIÓN:
Es importante tener en cuenta que la tolerancia no es sinónimo de indiferencia. Es decir, no prestarle atención o, directamente, negar los valores que defiende el prójimo no es una actitud tolerante. La tolerancia implica, en primer lugar, respeto, y en el mejor de los casos, entendimiento.
Hay que destacar que, pese a que la tolerancia invita a respetar y comprender los valores de los otros, no supone aceptar aquellos que avasallan los derechos de los demás. Si un sujeto defiende convencido la supremacía racial y busca el exterminio de quienes son diferentes, de ninguna manera significa que haya que tolerar su postura.
2. CARACTERÍSTICAS:
El término tolerancia puede significar lo siguiente:
- la tolerancia social es el respeto hacia las ideas, creencias o prácticas cuando son diferentes o contrarias a las propias;
- en ingeniería y diseño: tolerancia es el margen de error admisible en la fabricación de un producto;
- la tolerancia a fallos es la capacidad de un sistema de seguir en funcionamiento aún en caso de producirse algún fallo;
- en medicina: la tolerancia es la reducción de la respuesta del organismo a los efectos producidos por una sustancia determinada;
- la tolerancia inmunitaria es la ausencia de respuesta del sistema inmunitario frente a un antígeno.
3. ELEMENTOS:
Ese respeto a la diferencia tiene un matiz pasivo y otro activo. La tolerancia pasiva equivaldría al “vive y deja vivir”, y también a cierta indiferencia. En cambio, la tolerancia activa viene a significar solidaridad, una actitud positiva que se llamó desde antiguo benevolencia. Los hombres, dijo Séneca, deben estimarse como hermanos y conciudadanos, porque “el hombre es cosa sagrada para el hombre”. Su propia naturaleza pide el respeto mutuo, porque “ella nos ha constituido parientes al engendrarnos de los mismos elementos y para un mismo fin”. Séneca no se conforma con la indiferencia: “¿No derramar sangre humana? ¡Bien poco es no hacer daño a quien debemos favorecer!”. Por naturaleza, “las manos han de estar dispuestas a ayudar”, pues sólo nos es posible vivir en sociedad: algo “muy semejante al abovedado, que, debiendo desplomarse si unas piedras no sostuvieran a otras, se aguantan por este apoyo mutuo”. La benevolencia nos enseña a no ser altaneros y ásperos, nos enseña que un hombre no debe servirse abusiva mente de otro hombre, y nos invita a ser afables y serviciales en palabras, hechos y sentimientos.

.jpg)